sábado, 14 de junio de 2014

Eppur si muove

Un autobús de línea urbana, donde vibran las ventanas, sigue sin llegar a desmontarse, su recorrido. Viajeros sin pudor, duermen desarmados y con la boca flácida. Fuera la vida, con su ritmo nocturno y enfermizo. Miradas ávidas y vestidos áereos se buscan y se desprecian, alimentando un hambre soez, hincando la espina clavada. Aquí adentro el desaliento, la jugada perdida, el rímel exagerado, el ardor de estómago. La noche acontenta a pocos, genera entradas a muchos y saca a pasear la carne, la risa forzada, el gran espectáculo del vacío a pleno rendimiento: c'è niente dappertutto, ovunque. Se respira nada, se palpa nada, incluso las cosas reales, de noche, se esconden y envilezen tras sutiles telas tejidas de necedad, de puro vacío. Desde el autobús nocturno todo se muestra en su estado más crudo e insignificante. Se oye entonces una voz dulce y ensayada de locutora de radio que consuela a la mujer que llora al otro lado de la línea, al otro lado; y desde aquí adentro resulta complicado, exagerado, pensar en la vuelta a casa, en el momento de mirar el reloj y enfrentarse al sonido irritante de las llaves, al clack hueco de la cerradura (como el estallido sordo de una grieta), a la bocanada de aire para atravesar el umbral, a la imagen ofensiva de la cama sin tu almohada, a la rutina de la higiene mecánica, al cepillo de dientes sin risas, enfrentarse al espejo donde se refleja nada, toda la nada. Pese a todo, como el autobús, sorprendentemente todo avanza...y repito eppur si muove.

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