jueves, 24 de septiembre de 2015

La lucha por la verdad absoluta se enzarza en los vestigios de la Alhambra. La fe espiritual y refinada del Al-Andalus contrasta con la rotundidad y fiereza de las murallas cristianas, de su misticismo pálido, en contra de la elegancia elevada y el engreimiento árabe. Todo esa lucha impositiva se respira aquí. Y lo curioso es la vacuidad generalizada con la que los occidentales observan el entorno, frente al anhelo y la sacralidad de los ojos y los velos musulmanes, se agrupan sigilosos, admirando, comentando, la casa pérdida o robada.

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