Todo se confunde en la maraña del tiempo que atravesamos, ya no sabríamos decir si ha pasado un año desde que nos despedimos o fue esta mañana cuando me regalabas un gemido más. Ya no intento recordar tú nombre ni evito mezclar todos tus perfumes, ni sé quién me acaricia mientras duermo ni a quién abrazo realmente cuando se me escapa un te quiero. Persiste la memoria y se enzarza en juego macabro con el paso de los días, cubriendo mi vista de una película, de algo así como melancolía del amor dado, que como un visillo translúcido, no deja ver con claridad lo que hay al otro lado de la ventana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario