jueves, 24 de septiembre de 2015

Una vez más, de madrugada, con mis músicas y a corazón abierto, volviendo sobre mis pasos, otra vez, a la casa vacía. Escucho y pienso: ¡algún día me gustaría escribir tan hondo! Y siento más que pienso. Te siento y presiento que ya me acerco, ya me asomo a tus adentros y me lanzo a peso muerto. Que me digan que me equivoco desde lo alto, que me miren con desaprobación mientras se les tuerce en la boca una pena que sabe más a envidia que a compasión. Yo ya he llegado a casa, me he presentado ante tu puerta con una sonrisa puesta y con las maletas vacías para que escribamos lo que más nos apetezca. Te saludo: ¡hola! Y sabes que vengo para que me recuérdes y  para que cojas todo lo que quieras, te doy mi piel y te pido a cambio que tirites. Dame la mano y dejaré de hablar y de escribir porque ya no hará falta decir más nada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario